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DERECHAS NO DERECHAS

Un artículo publicado el año pasado, de un autor británico, sostiene que son tres los principales ideólogos del movimiento MAGA de Donald Trump. De ellos, uno es un jurista nazi que colaboró con el ascenso de Hitler y que consideraba que el poder ejecutivo debe subordinar a los otros dos y que la división política primordial es la que separa amigos de enemigos, siendo la tarea de los primeros la destrucción de los enemigos; tanto el poder ejecutivo como los amigos deben estar conducidos por el líder, en su caso por Hitler.

Imagen de Magnific
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El segundo ideólogo de MAGA vendría a ser -sorpresa- Antonio Gramsci, quien acuñó la estrategia del poder suave de la hegemonía a través de la cultura. Tomad la cultura y todo lo demás caerá por añadidura, escribió Gramsci en una carta a su hermano. Toda la batalla cultural que observamos hoy como idea recurrente por los teóricos de la derecha contemporánea tiene como fundamento ganar al marxista Gramsci la hegemonía cultural.


Dentro de la fauna de la derecha que tanto preocupa a la izquierda y que ve como amenaza su avance, (el más reciente la victoria de Abelardo de la Spriella) todo lo referente a Trump, al partido Vox y su líder Santiago Abascal, a Javier Milei, a José Antonio Kast, o hasta el recientemente defenestrado Viktor Orban, es señalado como ultraderecha, como si fueran lo mismo. No lo son.


El movimiento MAGA se ha servido también, y hay que subrayarlo, del avance de sectas protestantes en el mundo, financiadas desde Estados Unidos hace décadas y que hoy propugnan por la defensa de la vida y la familia, algo en lo que coinciden con otras ramas distintas de la derecha.


Un brazo que llama mucho la atención, dentro de esta red, es la de los que se denominan liberales o libertarios y que se han manifestado muy críticos contra varios postulados del movimiento de derecha que hoy cristaliza un Donald Trump. Y es que existen varios tipos de liberales, aunque todos se autodenominen “clásicos”; no es lo mismo un Mario Vargas Llosa que una Gloria Álvarez.


Este tipo de liberalismo reivindica el feminismo, la homosexualidad, el aborto, la eutanasia; el estado laico, en el sentido excluyente total de la moral e iglesias en la política, siendo profundamente anticlericales. Sostienen que el comunismo no existe en la realidad y juegan en paralelo con la cultura woke, que no es sino una falsa tolerancia hacia manifestaciones de franca falta de respeto a valores de otros segmentos sociales, que justifican como una forma de mirar el mundo, una filosofía de vida y una herramienta para interpretar la realidad actual.


Entonces, resulta de un simplismo propio de ignaros sostener que este amplio movimiento es homogéneo o de ultraderecha, que las poses autoritarias y pretensiones hegemónicas en lo cultural de un Donald Trump y su movimiento MAGA son un referente a seguir y que su actuación internacional puede beneficiar a quienes propugnan por valores en la sociedad, los contrapesos y la democracia.


Se puede coincidir con objetivos específicos, pero también es necesario distinguir hasta dónde es posible.


Alejandro Gutiérrez Balboa

Maestro en Seguridad Nacional


 

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