NOBEL DE LA PAZ
El Comité Noruego del Nobel, organismo instituido por Alfred Nobel, determinó el pasado viernes 9 de octubre otorgar el premio de la Paz de este año a la jurista y activista sudafricana Navanethem Pillay, de 85 años, “por su incansable trayectoria de más de cinco décadas en la promoción de la paz y la defensa del derecho internacional”.

De inmediato, el presidente norteamericano publicó en su cuenta de X (antes Twitter), primero una larga filípica manifestando su abierta oposición a la persona premiada y mencionando un incansable y fastidioso: “yo, yo, yo, yo”. Poco después insistió en lo mismo, pero desde hace varios días estuvo haciendo “campaña” para que le dieran el premio, cosa que finalmente no ocurrió.
Donald Trump sostiene haber resuelto 8 guerras y las menciona, además de estar a punto de resolver otras dos, por todo lo cual dice merecer ganar no uno, sino 8 Premios Nobel de la Paz. Ni más ni menos.
Son muchos los excesos verbales trumpistas. Por ejemplo, afirma haber derrocado al dictador “más malvado del mundo, Nicolás Maduro, de Venezuela” y estar en el proceso de convertir a este país en una democracia próspera, lo cual no sólo es dudoso, sino falso de toda falsedad. Trump dejó en el poder en Venezuela a la mano derecha de Maduro, que le entregó muchos de sus recursos petroleros a cambio de continuar la dictadura de Maduro, ahora con otra fachada. ¿Por qué no ha permitido que asuma Corina Machado quien ganó la elección con más del 90% de los votos?
Y respecto a estar a punto de lograr la paz en la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, también salen a relucir todas sus mentiras y contradicciones. Ha sido el mismo Donald Trump el que ha hecho público su mensaje al presidente ucraniano de no atacar las refinerías de diésel rusas, en tanto Estados Unidos ha iniciado la compra del combustible ruso. Le dijo a Zelensky que podía hacer lo que quisiera con Rusia, pero no atacar las refinerías pues generaría un problema mundial al ser Rusia un importante proveedor.
Lo que no dijo fue que los precios han subido por sus ataques a Irán, más que por los ucranianos a Rusia. Y llegó al extremo de afirmar que era necesario reemplazar a Zelensky de la dirigencia ucraniana.
Lejos de proporcionarle el armamento necesario para obligar a Rusia a sentarse en la mesa de negociaciones, Trump abiertamente se pone del lado de Putin, avalando los objetivos de éste en su confrontación con Ucrania.
Donald Trump no es un tipo confiable, no es la esperanza de nada y es una herramienta para dinamitar los cimientos de instituciones sólidas que construyeron un Ronald Reagan y Margaret Thatcher los cuales, sin disparar un tiro, lograron la caída de la Unión Soviética y el triunfo de las ideas del libre mercado y la democracia plena.
Pero, por fortuna, su tiempo se agota. En las elecciones del próximo 3 de noviembre, que renovarán el legislativo norteamericano, está bien cantada la derrota de este polémico y contradictorio personaje.
Alejandro Gutiérrez Balboa
Maestro en Seguridad Nacional








