EN LA CORTE DE TRES PAPAS
No es que venga al caso el tema, es más bien que me llegó el libro de 2024, que deseaba leer: “En la corte de tres Papas” de Mary Ann Glendon. Efectivamente, como el título anticipa la señora Glendon tuvo oportunidad de prestar servicios en la proximidad de San Juan Pablo II, de Benedicto XVI y finalmente del Papa Francisco.

Su lectura resulta interesante porque la autora sabe ofrecer con gracia, una parte autobiográfica, información interesante de los temas en que trabajó y una buena reflexión de la responsabilidad de los laicos.
La parte autobiográfica vale porque nos da a conocer la personalidad de la autora, experiencias de vida, nivel de estudios y desempeño profesional. Esto último, catedrática en el Boston College y la Universidad de Harvard, así como conferenciante en instituciones de muy buen nivel, esto sin duda acredita sus relatos y opiniones.
Lo que he nombrado como segundo aporte, información interesante, lo es en verdad porque lo que ella llama “corte” y justifica usar ese nombre, viene siendo el más alto nivel de dignatarios de la Iglesia Católica. Claro que estos son la parte alta de los habitantes del Vaticano integrada desde jardineros hasta el Sumo Pontífice, el Papa.
La corte propiamente son los cardenales cuyo trabajo es sumamente especializado y diferente del que desempeña un cardenal que es al mismo tiempo arzobispo de alguna arquidiócesis, así como empleados, algunos laicos y otros consagrados, con trabajos igualmente especializados tanto en aspectos religiosos como en Arte e Historia.
En el Vaticano, el territorio que ocupa la Santa Sede hay museos con objetos de valor extraordinario y archivos que cuentan con información que supera los mil años, quizá unos mil setecientos años, como el Códice Vaticanus. Dicho sea de paso, el Papa es el monarca de un estado llamado Santa Sede, en los países que hay Nuncio Apostólico, este viene siendo el embajador de la Santa Sede, no del Vaticano.
Ocasionalmente novelas y películas pretenden acercarnos a ese mundo, la Sra. Glendon nos introduce en él con un fino balance de discreción y de verdad, nos permite conocer algunos personajes así el como se tomaron algunas decisiones que afectan a la Humanidad.
Lo tercero que aporta el libro es la parte de mayor valor, si uno sabe transitar de la curiosidad a la búsqueda del mensaje más profundo del libro.
La señora Glendon inició sus relaciones con la Santa Sede y el Papa San Juan Pablo II, como miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, fundada por este Papa y como Jefa de la Delegación del Vaticano a la Conferencia de El Cairo sobre Población y Desarrollo de la ONU en Beijing. A la renuncia del primer presidente de la Academia, ella recibió el encargo de presidirla.
Adelante fue designada Embajadora de los Estados Unidos ante la Santa Sede ya en tiempos de W. Busch, presidente de USA y S.S. Benedicto XVI como Papa. Esta posición le dio oportunidad de conocer diferentes ligares y ambientes en Italia. Continuó presidiendo la Academia de Ciencias Sociales.
Finalmente, en el reinado de S.S. Francisco, aun presidiendo la Academia de Ciencias Sociales, fue invitada a formar parte de una comisión de cinco personas para investigar problemas en el IOR, Instituto de Obras Religiosas, comúnmente conocido como el Banco del Vaticano. Responsabilidad que resultó un tanto accidentada y sin solución satisfactoria aún.
Cierra el libro con el tema de la participación de los laicos en la vida de la Iglesia, trece páginas en mi opinión lo más valioso. Inicia el capítulo con unas frases tomadas de un discurso de Mons. Fulton Sheen, entonces Venerable obispo, a los Caballeros de Colón, hoy muy próximo a ser declarado beato.
“Nos veríamos bastante ridículos sin ellos”
Respuesta de san John Henry Newman al obispo
que el preguntó su opinión sobre los laicos.
Continúa citando al santo que supo pasar de su iglesia original: la Anglicana, al Catolicismo, se hizo sacerdote y con una vida de virtudes heroicas, hoy es santo.
A principios del siglo XIX señaló que pronto la Iglesia Católica se enfrentaría a un problema desconocido: “un mundo simplemente irreligioso”. Algo desconocido, porque el paganismo nunca estuvo cerrado a lo trascendente.
Este santo deseaba “un laicado que conozca su religión, que se adentre en ella, que sepa exactamente dónde están parados, que conozca lo que sostienen y lo que no, que conozca su credo tan bien que puedan dar cuenta de él, que conozcan lo suficiente de la historia como para poder defenderlo”
Hoy más que nunca debemos responder a este reto, que nuevamente es planteado, ahora por la Sra. Glendon.










