¿Derecho de réplica o censura sutil? la libertad de prensa en la era Sheinbaum
- Leopoldo Brito

- hace 2 días
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Las recientes declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum, al sugerir a los mexicanos: “…no vean TV Azteca (…) y la sugerencia, en tono de sátira, para la creación de un premio al “mitómano de la semana”, reavivan un agudo debate sobre la línea que divide el derecho de réplica y la coacción. Para comprender el peso de este acontecimiento, es preciso revisar la evolución del control informativo en el México contemporáneo.

De la Revolución Mexicana al control hegemónico
Durante y después de la Revolución Mexicana, la prensa vivió episodios de represión directa; los gobiernos revolucionarios no resistían el desacuerdo.
La Ley sobre Delitos de Imprenta, expedida el 12 de abril de 1917 por Venustiano Carranza, reglamentó los artículos 6° y 7° de la Constitución Mexicana, Se castigaba penalmente (incluso con penas de cárcel) la publicación de información que atentara contra la moral incitara a la rebelión, alterara la paz pública, o atacara la vida privada de los ciudadanos. La ley contemplaba multas y sanciones específicas para aquellos escritos que expusieran a una persona al odio o al ridículo, contemplando penas severas por difamar a funcionarios públicos y al presidente de la República.
Tiempo después, a partir de la segunda mitad del siglo XX, el Estado afinó un mecanismo de control más sutil pero letal: la censura a través del presupuesto y el control del papel.
Productora e Importadora de Papel (PIPSA) una empresa paraestatal mexicana fundada en 1935 por el entonces presidente Lázaro Cárdenas. Funcionó como un monopolio estatal encargado de importar y distribuir el papel periódico en todo el país, y fue considerado un importante mecanismo de control y censura para los medios de comunicación
Recompensaba el aplauso y “ahorcaba” económicamente a cualquier medio que se atreviera a investigar o criticar al régimen priista. Directores, caricaturistas y periodistas críticos eran frecuentemente despedidos de sus espacios por presiones directas del gobernante en turno hacia los dueños de los medios impresos.
Desde la promulgación de la primera Ley de Radio y la consolidación del régimen de la familia revolucionaria, el Estado se reservó la facultad de otorgar, renovar o cancelar las concesiones. Esto obligaba a los radiodifusores a mantener una línea oficialista para asegurar su negocio.
Al nacer la televisión comercial en 1950, el gobierno del presidente Miguel Alemán le otorgó un amplio margen de operación a los empresarios a cambio de incondicionalidad política y espacios para la propaganda oficial. Durante el sexenio de Adolfo López Mateos en 1960, se publicó la Ley Federal de Radio y TV, que otorgaba facultades discrecionales a la Secretaría de Gobernación para vigilar y supervisar los contenidos. Bajo el argumento de proteger la "moral", la "vida privada" y la "estabilidad social", el gobierno censuraba cualquier contenido que criticara al presidente en turno al sistema.
En 1965 la telenovela “Maximiliano y Carlota, fue sacada del aire por instrucciones del presidente Gustavo Díaz Ordaz debido al gran descontento por cómo se retrató la figura de Benito Juárez. Los productores evitaban cualquier temática política, crítica social profunda o conflicto institucional que pudiera irritar al gobierno y poner en riesgo sus concesiones.
Sin embargo, el aparato gubernamental del Estado sí intervino directamente sobre programas de variedades, comedia, y humor político que transgredieron los límites impuestos, uno de los casos mas sonados “El Show del Loco Valdés” el cual fue cancelado definitivamente por órdenes del presidente Luis Echeverría, con motivo de una broma en la que Valdés se refirió al Benemérito de las Américas.
La transición democrática y los nuevos monopolios
La transición a la democracia y la apertura de las concesiones de televisión en la década de 1990 dieron paso al surgimiento de TV Azteca y trajeron consigo una ilusión de pluralidad.
Vicente Fox Quesada relajó el estilo personal de gobernar, toleró la sátira política y durante su administración se desmitificó la figura presidencia. “El Privilegio de Mandar” (Televisa) y “Los Peluches” (TV Azteca), a través de sketches, en estos programas se evidenciaban los aciertos, las polémicas y las debilidades de los mandatarios en turno.
Las tácticas de censura evolucionaron
Con la llegada de la llamada Cuarta Transformación, la narrativa oficial cambió, pero las prácticas de presión persisten, se sustituyó el control directo por el ahogamiento económico, las auditorías fiscales selectivas y las presiones a los anunciantes privados para debilitar a los medios informativos que investigaban casos de corrupción gubernamental o abusos de poder.
El reclamo de la presidenta hacia la televisora del Ajusco, en el contexto de investigaciones periodísticas de la televisora plantea dudas sobre la tolerancia a la crítica. Aunque la mandataria ha matizado que su exhorto no representa una prohibición formal ni un acto de censura por decreto, el uso de la tribuna presidencial para estigmatizar a un medio de comunicación considerado incómodo ejerce una enorme presión.
"La posibilidad de que los pueblos tomen decisiones libres depende de que se les informe, y en esto se juega mucho hoy en día".
SS León XIV
Leopoldo Brito
Director de Comunicación Digital, Universidad Intercontinental








