RENGLONES PROPORCIONALIDAD
- José Miguel Guevara

- hace 12 minutos
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“No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre”.
Uno de tantos refranes de los que se usan en México. Es evidente su carácter racista, mismo que no apruebo, pero su significado, como en la mayoría de los refranes, va más allá del texto, hay que entender lo que nos quiere decir.
En el refrán, repito de carácter racista, la palabra indio se emplea para representar a una persona cuyo comportamiento no está a la altura de la persona que inició el trato con ella o con un grupo de personas, digamos una persona moral.
El comportamiento distinto a lo deseado está vinculado a diferencias en la educación o en la preparación; meter un pescador en lugar de un astronauta en una cápsula espacial, sería un error garrafal y ridículo. ¡Quién se atrevería a semejante error! Este exagerado ejemplo se refiere a falta de preparación, podemos buscar otros que ilustren falta de urbanidad, esa elemental expresión de la caridad, o la mínima sensibilidad para tratarse con otros seres humanos, de educación.
Se ha hecho mofa, crítica y se ha reproducido con explicaciones detalladas la falta de sensibilidad de Hugo Aguilar Ortiz, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por el hecho de que haya aceptado con cierta satisfacción, que personal a su servicio en lo jurídico le limpiara el calzado que estaba usando.
Se le ha comparado con el Primer ministro de Dinamarca, quien en una situación más o menos similar, tuvo una conducta diametralmente diferente. Por cierto, buena comparación.
Naturalmente se le ha dado un carácter político a estas críticas, no voy a sumarme a esa postura, ni resaltar su pretensión de ser un miembro de una comunidad de pueblos originarios, porque la trascendencia de esa actitud, rebasa el aspecto político.
Lo que hemos tenido oportunidad de observar es la falta de coherencia, la falta de sensibilidad de una persona, de un ser humano que de manera súbita y sin un proceso progresivo ha escalado la pirámide social desde ser un ciudadano simple, el calificativo popular es “un coyote” que arreglaba problemas de comunidades indígenas al entonces líder nacional, hasta, nada menos que la cúspide del Poder Judicial.

Hay prueba pública de su falta de ubicación y de sensibilidad.
El escándalo que se hizo por la compra de camionetas exageradamente caras y además blindadas fue un primer síntoma. Podría decirse que no se pudo achacar únicamente al presidente, pero tampoco puede argumentarse que él hubiera sido ajeno a la decisión. Ahí hay una indiscutible prueba de falta de proporcionalidad, no insisto en el abuso y la ostentación, porque justo lo que me preocupa es la falta de proporcionalidad en el presidente de la Suprema Corte de Justicia. Impartir justicia es cuestión de proporción: otorgar a cada quien lo que le corresponde.
El caso del aseo de los zapatos es totalmente individual, toda la decisión de aceptar ese trato fue de Hugo Aguilar Ortiz. No hay manera de excusarlo. Él creyó que era justo que se le proporcionara ese trato de ribetes imperialistas. Nos mostró su concepto de proporcionalidad.
El deseo de los pueblos de ser gobernados correctamente tiene como soporte y se logra cuando haya absoluto respeto a la Justicia, al Estado de Derecho, la legitimidad de un gobierno se explica porque fue elegido de manera justa, es decir con total apego a la Ley. Si no hay un verdadero Estado de Derecho legítimo, independiente y preparado técnicamente para esa función un pueblo está en la inseguridad, tal como estamos.
Todo indica que México debe preocuparse por la competencia de este señor para el cargo que un novedoso procedimiento le otorgó.









