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RENGLONES CENTENARIO DE LA CRISTIADA

En las parroquias de la esta Arquidiócesis Primada de México se está invitando a los jóvenes a participar en una peregrinación los días 30 y 31 de enero al Cerro del Cubilete, al Santuario de Cristo Rey, al grito de ¡Viva Cristo!


El santuario y el grito tienen en nuestro país una historia larga y heroica, testimoniada con sangre, huellas tangibles de episodios épicos: la Cristiada.


Gracias a los libros del Dr. Meyer ahora muchas personas podemos saber de qué se está hablando cuando se dice: La Cristiada, levantamiento armado popular en 1926.

Efectivamente, en 1926 el presidente Calles influido por sectas masónicas, aceptó el sectario criterio de que la Religión Católica era un impedimento para el desarrollo de México y promulgó leyes, dominaba el Legislativo, con la finalidad de restringirla y destruirla.


Esto provocó un levantamiento popular en contra de su gobierno que duró tres años y que, si no se hubieran dado intervenciones internacionales de alto nivel, sabrá Dios cuanto hubiera durado, porque una guerrilla que nace del corazón de un pueblo es invencible y una guerrilla sin apoyo internacional no puede derrotar a un gobierno por muy tiránico que sea.


En este centenario es conveniente hacer algunas reflexiones del hecho, en este trabajo sobre todo desde el ángulo civil.


Para iniciar es necesario saber que dicho levantamiento no fue auspiciado por las autoridades religiosas salvo tres obispos y varios sacerdotes que no la organizaron, sencillamente la apoyaron, pero el alzamiento fue totalmente espontaneo, pueblo mestizo y guadalupano, cierto que nuestro México aún olía a pólvora y la Revolución estaba en sus últimas fases. Según Krause es muy probable que Calles, vía Morones haya alentado el asesinato de Obregón para quedarse como “Jefe máximo” de la Revolución.


Ahora bien, si las autoridades religiosas no auspiciaron la lucha armada ¿por qué surgió y por qué duró tres años y entregó 200,000 mártires? Mi respuesta nos lleva precisamente al ángulo civil de dicho suceso.


El llamado México bronco, repito mestizo y guadalupano, no había alcanzado todavía el relajamiento que alcanzó hasta 1940 con Ávila Camacho, aún la sangre hervía ante cualquier injusticia y calles se atrevió a tocar uno de los derechos más firmes de los hombres, la libertad de expresar de manera pública sus pensamientos y sentimientos acerca del significado de la vida, su religión.

        

La respuesta fue tan enérgica como desalmado era el ejército del gobierno y algunos de sus representantes: Garrido Canabal, ciertamente al inicio sin una jefatura general que le diera guía, pero con brotes espontáneos en una amplia zona del país, de manera que prácticamente separó norte y sur al afectar las vías de comunicación. Progresivamente Calles se dio cuenta de que no podría derrotarlos y su intransigencia le impedía dar paso atrás para solucionarlo.


Afortunadamente, conscientes de la tragedia, autoridades tanto del Vaticano, como de otros países de Europa y América incluidos los Estados Unidos gestionaron el encuentro que propició los Arreglos, pésimos para los alzados, que cerró el combate armado.


Los hechos en sí aleccionaron al gobierno en el sentido de que podía ser tirano, pero había temas intocables, uno de ellos la Religión, el otro, la cartera, tenía que esperar hasta las estupideces de Echeverría y López Portillo para entenderlo.


Igualmente permitieron a las autoridades religiosas comprender cuan sencilla pero profunda es la adhesión de nosotros los mexicanos a la Fe en Cristo, particularmente como Cristo Rey. Seguramente, hoy en espera del cumplimiento de la profecía de Tertuliano: “sangre de mártires, semilla de nuevos cristianos”, los obispos de México trabajan para enriquecer la mies que florecerá con esplendor en este siglo XXI, Novenario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, Jubileo.


Es de esperar que el actual gobierno también reflexione sobre la forma de conducir al país, que sea cuidadoso del manejo de temas morales delicados y que no se exponga a nuevas patadas en la cartera, porque si se le juntan las ofensas, el pueblo bronco, mestizo y guadalupano, no se va a levantar en armas, ya no se usa, pero encontrará formas de expresarse con energía.


   

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