Reforma Electoral, el parto de los montes
- José J. Castellanos

- hace 2 días
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Andrés Manuel López Obrador heredó a su sucesora, la idea de realizar una reforma electoral. Los términos en los que la planteó originalmente, merecieron el repudio generalizado, con excepción de sus corifeos que todo le aplaudían. Sin embargo, los tiempos y los modos no le permitieron llevarla a cabo, que ahora si dice reiteradamente, “el tiempo y forma”.
Sin embargo, el compromiso morenista de hacer una reforma para cumplir el capricho de quien, derrotado por un pequeño margen en la elección de 2006, acuñó un rencor profundo contra el IFE de entonces, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y a la legislación de entonces. Su frustración fue tal, que a pesar de que con la legislación vigente pudo obtener la victoria en 2018, no dejó de mostrar su resentimiento y de ahí su inquina contra el INE y su repudio a la legislación electoral.

Ciertamente la legislación electoral no es perfecta e, incluso, sus vacíos permitieron que en 2024 Morena y sus aliados obtuvieran una sobrerrepresentación en el Congreso que les ha permitido legislar a capricho, minusvalorando a la oposición que se ha vuelto testimonial al no poder incidir en la elaboración de las leyes, quedándole como único recurso la apelación a la Suprema Corte por la inconstitucionalidad de las leyes, ya sea por su contenido o por los vicios en el proceso legislativo.
Acorralada por el compromiso, Claudia Sheinbaum encargó a Pablo Gómez, viejo luchador de izquierda y beneficiario de las diputaciones y senadurías de partido, la elaboración de un nuevo proyecto de reforma electoral que finalmente se apartó de las directrices de López Obrador, pero que se elaboró en lo oscurito.
En las anteriores reformas que permitieron la transición y la alternancia en el poder, participaron los partidos políticos e instituciones de la sociedad civil que, de un modo u otro, fueron modelando la legislación. Uno de los defectos que se le señalaba, es que, al ser hecha por los partidos políticos, vieron por sus intereses y no siempre pensaron en la ciudadanía. Pero, a pesar de todo, funcionó en términos generales, aunque es perfectible. Sin embargo, ahora la propuesta proviene desde el poder y en beneficio del grupo que lo detenta.
La visión unilateral de Morena ha sido tan cerrada, que ni siquiera los partidos aliados que hasta ahora habían votado incondicionalmente con ellos, por lo pronto han rechazado los términos que se han dado a conocer sobre la reforma electoral. Pero no son los únicos. Los expertos en derecho electoral ya han dado a conocer sus primeras críticas, aunque no conocemos a la letra la iniciativa que será presentada esta semana a la Cámara de Diputados.
La oposición del Partido Verde y el Partido del Trabajo, revela cómo Morena solo ha visto por sus intereses, en el afán de mantenerse como partido predominante en el sistema político mexicano, relegado a los otros partidos a un segundo o tercer plano.
No quiere decir que la propuesta, tal como se ha presentado hasta ahora, no tenga elementos dignos de ser considerados, como la idea de que los diputados plurinominales no respondan a los intereses particulares de las cúpulas. Eso pretendía la reforma electoral de Adolfo López Mateos que creó los diputados de partido, cuando se suponía que ocuparían esos escaños los candidatos de los partidos perdedores que obtuvieran el mayor número de votos. Pero, en la práctica, se negociaba para que esos escaños fueran ocupados por los dirigentes o los que se consideraban como los mejor preparados. A la postre, eso hizo crisis y se cambió por una fórmula compleja, pero a partir de una lista donde los que ocupaban los primeros lugares, sin hacer campaña, llegaban al Congreso. Sin embargo, lo que hasta ahora se conoce sobre el tema no queda claro.
En fin, ha habido mucho ruido y pocas nueces, que por los pasos que lleva, la reforma o es un parto de los montes o simplemente no pasa, porque los aliados no otorgan los votos necesarios para una reforma constitucional.
El tiempo corre y tiene que estar lista para que esté vigentes para las próximas elecciones federales y donde habrá elección de gobernadores. Al tiempo.






