El marxismo de Marx Arriaga
- José J. Castellanos

- hace 20 horas
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Desde su llegada a la Secretaría de Educación Pública, Marx Arriaga hizo pública su fe en el marxismo y para que no se olvidara eso, llevó un retrato de Karl Marx a su oficina, como su inspirador y modelo. Su papel fue dar contenido al modelo de la Nueva Escuela Mexicana. Ese fue el papel que asumió en la Dirección General de Materiales Educativos, responsable de la elaboración de los libros de texto que edita la SEP y se utilizan en el nivel básico de la educación en México.
La Nueva Escuela Mexicana cambia radicalmente la metodología y los objetivos del aprendizaje de los estudiantes y con objetivos que parecen plausibles en cuatro campos formativos: lenguajes, saberes y pensamiento científico, ética, naturaleza y sociedad, y de lo humano y comunitario, en realidad se plasmó un adoctrinamiento ideológico de acuerdo con la tendencia expresa de Marx.

Tanto la Nueva Escuela Mexicana como los libros con los cuales se pretende hacerla operativa, de inmediato fueron descalificados por expertos en la educación y maestros que se percataron de los errores elementales de su contenido, que fueron denunciados públicamente por la insuficiencia de las enseñanzas que deben impartirse a los alumnos.
Adicionalmente, los padres de familia, encabezados por la Unión Nacional de Padres de familia, se opusieron al adoctrinamiento que se pretende hacer con los libros, así como a su contenido corruptor de las costumbres. La UNPF solicitó un amparo para que no se distribuyeran los libros pues no se habían seguido los procedimientos y las consultas establecidas como paso previo a la aprobación de los textos, y lo consiguió. Sin embargo, como es propio del gobierno de Morena, se saltaron el amparo y distribuyeron los libros, lo cual es un desacato que se debería castigar, pero nada se hizo.
Los libros contienen, como ya se dijo, un cúmulo de errores que los apartan de las verdades científicas más elementales, como la aritmética, la biología o la astronomía, por ejemplo. Y so pretexto de asumir las culturas originarias del país, difunden y promueven ideas y acciones inaceptables y contrarias al humanismo que dicen que los inspiran, al grado de promover la brujería, el chamanismo y ritos de corte satánico como los que se han visto reiterados por funcionarios públicos en actos relevantes de la asunción de sus cargos.
Tal pareciera que lo que hay en el trasfondo de este sistema educativo, es la aplicación marxista de que lo importante no es entender la realidad, sino cambiarla. Y ello en el contexto de las oposiciones dialécticas que caracterizan la visión social de los marxistas con la promoción de las confrontaciones de clases o grupos.
En el fondo, se trata de utilizar la educación como un instrumento revolucionario para revertir lo que somos, nuestra auténtica identidad, para sustituirla con mitos y esquemas ajenos a nuestra idiosincrasia, al servicio de un socialismo que pretendería ser indigenista y cuyo líder es Andrés Manuel López Obrador.
Marx Arriaga llegó a la SEP impulsado y promovido por Beatriz Gutiérrez Müller, de quien fue sinodal en su examen profesional como historiadora. Y con esa credencial, se ostentaba y creía como inamovible del cargo que se le otorgó y desde el cual, además de gastar miles de millones de pesos, se dedicó a deformar a la niñez mexicana, a espaldas de los padres de familia, cuyas voces no han sido escuchadas y sus reclamos no han sido atendidos.
Su actitud ante su destitución de la Dirección General de Materiales Educativos de la SEP, desde donde ya hacía rato se había confrontado con el Secretario Mario Delgado, lo pinta de cuerpo entero, negándose a desalojar la oficina, retando y provocando a los policías que acompañaban a quien le notificó su destitución, para tirarse al piso y declararse víctima de violencia, lo cual no le resultó. Sin embargo, se atrincheró en su oficina para “defender” sus libros, en un verdadero chantaje a las autoridades.
Su sainete, difundido a nivel nacional, tuvo cierto éxito cuando para que cediera en su capricho, las autoridades le ofrecieron otros cargos, entre ellos ir a una embajada, lo cual rechazó.
Supuestamente, la destitución se debió a que no acató las instrucciones de la Presidencia, de incluir en los textos, el papel femenino de varias heroínas en la historia de México y realizar algunas adecuaciones a los libros. Sin embargo, Claudia Sheinbaum declaró que no se cambiaría el contenido de los textos obligatorios, lo cual es lamentable, pues se perpetúa el daño que están causando en quien los usa y mantienen a México en uno de los últimos lugares del mundo en materia de educación.








