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Brasil elige presidente con la Corte en el centro del debate

hace 22 horas
5 min de lectura

Más de 156 millones de brasileños deciden hoy, domingo 4 de octubre, no solo quién los gobernará los próximos cuatro años, sino también el rumbo político-institucional del mayor país de Sudamérica, en una de las elecciones más polarizadas, reñidas e imprevisibles de las últimas cuatro décadas.

Imagen de Magnific
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Hay 14 candidatos, pero solo dos son los verdaderos contendientes: el presidente Luis Ignacio Lula da Silva, que busca un cuarto mandato, y el senador Flávio Bolsonaro. Se enfrentan dos visiones de Brasil: la izquierda busca la continuidad de un "socialismo de los trópicos"; la derecha, el cambio y el retorno a un proyecto truncado en 2022.


También serán electos 27 gobernadores, los miembros de las asambleas legislativas de igual número de estados (1.059 parlamentarios en total), toda la Cámara de Diputados (513 escaños) y dos tercios del Senado (54 de los 81 escaños). Buena parte del futuro del país se definirá en el Congreso durante los próximos cuatro años.

Proyecciones


Según la última encuesta de Quaest, publicada ayer, víspera de la elección, hay un empate técnico: 46% de los votos válidos para el exsindicalista Lula y 45% para Flávio, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro. Los 12 candidatos restantes suman 9% de los votos válidos (el que más puntúa alcanza 3%). En un eventual segundo turno, la misma encuesta coloca al frente a Flávio, con 44%, y a Lula con 42%.


Flávio inició su campaña con una candidatura fuertemente cuestionada y con 19% de las intenciones de voto; Lula, con 36%. El crecimiento del hijo de Bolsonaro ha sido progresivo, pero se aceleró y consolidó en esta última semana.


Vistos en conjunto, los resultados de diversas encuestas apuntan a una tendencia: el elector entendió que no existe una tercera vía y hay una robusta migración hacia las dos únicas candidaturas competitivas. La polarización entre izquierda y derecha se galvanizó, los candidatos de "tercera vía" se "deshidrataron" y los indecisos cayeron de forma acelerada (de 10% a 3% en menos de dos semanas).


Esta "ola" parece beneficiar mayoritariamente a los candidatos identificados con la derecha o el cambio, no por convicción, sino por una mezcla de razones que van del antipetismo al voto útil y el voto de castigo.


Tanto Lula como Flávio tienen un alto porcentaje de rechazo, empatados en cerca de 45% cada uno. La mitad del pueblo los ama y la otra mitad los odia. El articulador político de un relevante parlamentario me comentó que, fuera de los votos identitarios o ideológicos, le parece que el ciudadano común votará por aquel a quien le sea más fácil "perdonar", y no por el que considere mejor.


Cualquiera de los dos puede ganar y todo apunta a que habrá balotaje. Sin embargo, si la tendencia mencionada continúa a lo largo del día de hoy, podría haber una sorpresa: Flávio Bolsonaro con una votación que lo coloque al frente de Lula. O incluso, si los electores de la "tercera vía", concentrados sobre todo en el sudeste del país, abandonan a sus candidatos, Flávio podría ganar en primera vuelta. Difícil, pero no imposible. La prensa local filtró ayer que el tracking electoral de la campaña de Lula arrojaba números preocupantes.


El Partido Liberal (PL), de Flávio Bolsonaro, podría además tener la mayor bancada en la Cámara de Diputados y, sobre todo, en el Senado, donde, según una proyección del Departamento Intersindical de Assessoria Parlamentar (DIAP), podría pasar de 16 a 24 senadores.


Crisis institucional


El país vive una grave crisis política en cuyo centro está la sobre posición del Poder Judicial sobre los demás Poderes, debido al activismo de la mitad de sus miembros. Todo brasileño sabe que desde hace algunos años la última palabra sobre cualquier asunto político en disputa corresponde a la Corte, lo que viola el orden constitucional.


El ministro Luís Roberto Barroso, que recientemente salió de la Corte, llegó a afirmar en un acto público que el STF había "derrotado al bolsonarismo". El actual Poder Ejecutivo es connivente con esta situación y el Congreso está, en la práctica, neutralizado. Leyes como la del voto impreso en las urnas electrónicas fueron derribadas por la Corte, y algunos de sus fallos terminan "legislando", pasando por encima de la Cámara y el Senado.


Entre 30% y 40% de los parlamentarios tienen procesos en el STF, que es el único que puede juzgarlos. Esto inhibe cualquier cuestionamiento de su parte. Quien critica a los miembros de la Corte se convierte en enemigo.


El tribunal llegó a abrir por iniciativa propia, lo que está prohibido, una investigación y un proceso contra líderes de derecha por divulgación de supuestas noticias falsas y ataques contra las instituciones democráticas. Criticar a un ministro de la Corte es motivo de prisión o de allanamiento de morada.


El cuadro es aún más grave porque se hicieron públicos los contactos de algunos ministros de la Corte, entre ellos Alexandre de Moraes, con el protagonista del mayor escándalo financiero del país, el banquero Daniel Vorcaro, cuya abogada, con contrato millonario, era la esposa del ministro. El panorama es tan surrealista que el propio Moraes votó en sesión pública del STF para no ser investigado.


¿Qué se juega en esta elección?


Además de la conducción del país, se juega la reconfiguración institucional. El nuevo presidente nombrará, al menos, a los sustitutos de cuatro ministros del STF, que pueden permanecer en funciones hasta cumplir 75 años.


Si Lula gana, consolidará el poder de la Corte, nombrando más ministros del perfil, por ejemplo, de Flávio Dino, su exministro de Justicia, antiguo militante del Partido Comunista Brasileño y vinculado a los ambientes de la teología de la liberación.


Si Flávio Bolsonaro gana, habrá más posibilidades de equilibrar las fuerzas al interior de la Corte, o incluso de proponer al Congreso una reforma que extinga el STF y cree una Corte Constitucional.


Además, dependiendo del resultado de hoy, el Senado podría alcanzar una configuración que permita al PL, junto con los demás partidos de centro y centroderecha, obtener los 49 votos que se requieren para aprobar reformas constitucionales y los 54 para el impeachment de ministros del STF. En esta elección está en juego, por tanto, la posibilidad de dar pasos significativos para restituir el Estado de derecho en el país.


Y por si fuera poco, una victoria de Lula consolidaría la resistencia de las izquierdas en el continente, anclada en dos gigantes: Brasil y México. Un triunfo de Flávio podría consolidar la "ola azul" que avanza en toda América y motivar, a mediano plazo, un cambio político en México.


Pero un eventual triunfo de Flávio en las urnas no garantiza su investidura. Hace tres semanas, el ministro Flávio Dino dijo que el país estaba bajo una insoportable presión internacional y el viernes pasado publicó en X (Twitter) un comentario en el que recuerda que algunas elecciones presidenciales en otros países fueron judicializadas y definidas por sus Cortes. Inmediatamente después, Lula pidió a la Corte y a la Policía Federal investigar "el caso". Para algunos analistas, la elección está lejos de terminar este domingo o con el balotaje.


Diego Hernández

Periodista

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